Madre…padre.  

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    “Lo sé madre. Aquello que nadie pudo contarme porque nunca nadie lo supo, se me reveló. Fue tu presencia, lo intuí, decisiva para que la manifestación se hiciera presente y así, poder acceder a la memoria de aquel que tú amaste y el fruto de tu amor, se hiciera presente en mí.

    Vine a verte madre. Había pasado mucho tiempo y los recuerdos se difuminaban en mi mente como pompas de jabón y, al poder estar cerca de ti, consideré que rememoraría tu cálido recuerdo. Es verdad que, ciertos momentos, quedaron  anclados en mi mente como sonoros y deliciosos testigos del cariño en que me arrullabas; pero…fue tan breve tu presencia para conmigo que, continuamente, me ataca la necesidad de sentir tus manos acariciando mi rostro; los besos húmedos de tus labios cosquilleando en mi cuerpo y el sabor de la leche que, a borbotones, llenaba mi boca ansiosa de ti; mientras, me cantabas una y otra vez…” el meu xiquet es l´amo del carrer i del corral…” Si: no puedo dejar de pensar en lo mucho que de ti quedó por compartir conmigo; la crueldad en que la vida te trató y te arrancó de mi lado cuando más te necesitaba…

       .-Buenos días.

      Las palabras me sobresaltaron y quedé mudo por la sorpresa. Al fin pude reaccionar y…

      .-Buenos días.

     No me había apercibido de la presencia de aquel hombre en el otro extremo del banco que ocupaba, y me irritó sobremanera que interrumpiera mis pensamientos para contigo.

      .-Disculpa que te haya asustado; la verdad es que la soledad de la estancia es proclive a los sobresaltos, de no estar preparado para la situación. Siento haber interrumpido tus pensamientos; pero quería aprovechar mi visita para recordarla siquiera por un rato y…tal vez no tenga ocasión de hacerlo de nuevo.

      Calculo que era de mi edad; unos veinte años. Algo en sus ojos, las facciones de su rostro, me recordó a alguien; pero no supe decir a quien. Apartó su mirada de la mía sin darme la oportunidad de que a través de ella, indagara en su interior; pero la curiosidad pudo conmigo y el exabrupto que casi escapa de mi pecho ante su intromisión, quedó paralizado por las últimas palabras que pronunció..

     .-Es tu madre verdad?

     De nuevo dirigí mi mirada a la fotografía instalada en la lápida y no pude evitar que una lágrima resbalara por mi mejilla.

      .-Fue una gran mujer. Los chavales del pueblo porfiaban por salir con ella…según me contaron…

      No pudo continuar la frase. Un ligero temblor atenazó su voz y vi que las lágrimas inundaban su ojo izquierdo, cuando miré  su perfil sorprendido ante la revelación: sus últimas palabras calaron en mis oídos y quedé paralizado por la emoción.

      .-Cómo sabe esas cosas de mi madre? Usted no pudo conocerla…

      Miraba su fotografía impresa en la lápida y su rostro, lo que pude vislumbrar de él, reflejaba una profunda tristeza.

      En mi cabeza hervían mil y una preguntas para con el intruso y nuevamente me dirigí a él.

     .- Quien le habló de ella…?

      Al igual que apareció sin que me percatara de su presencia, había desaparecido. Dirigí mi mirada interrogante hacia todas partes pero…fue en ese momento cuando sentí tu presencia  como nunca antes la sintiera, madre: el olor de la yerbabuena, con la que perfumabas mi pequeño cuerpo, flotaba en el ambiente y me vi transportado más allá del tiempo y del espacio. Las imágenes aparecieron con nitidez en mi mente  y allí estabas tú: entre las flores que adornaban la pequeña galería de la que entonces fue tu casa; mientras, hablabas cariñosamente a un bebé que reía con fuerza tus arrumacos y comprendí que era yo. Poco después, alguien apareció a tus espaldas y te cogió por la cintura y depositó un cariñoso beso en tu mejilla; me cogió con las dos manos y me transportó hacia lo alto, madre, al mismo tiempo que me dirigía cariñosas e interrogantes palabras y yo, mordía mis manos nervioso y entre risas al contemplaros desde las alturas. No podía ver su rostro; pero en un momento dado, la escena cambió, y los ropajes que vestía, de improviso, cambiaron con el color de un uniforme militar. Tú, madre, llorabas desconsoladamente y te aferraste a él por la cintura a sus espaldas. Entonces, conmigo en sus brazos, se fundió en ti con un fuerte abrazo, mientras el bebé, yo, ocupaba el centro de la escena entre los dos. Entonces ocurrió algo inexplicable madre: era él; era el hombre que, momentos antes, se sentó junto a mí y desapareció sin tener la oportunidad de platicar con él y saber más de ti. Entonces lo comprendí: él había venido a presentarse ante mí y frente a ti. Era mi padre; aquel del que nunca te oí hablar porque abandonaste este mundo antes de que yo tuviera la suficiente razón para comprender el porqué de su ausencia  y del que nadie, nunca, me dio razón.  El lunar que ocupaba un pequeño espacio en su mejilla derecha, es el mismo que yo luzco y sus ojos, junto a su melena rubia como un sol primaveral, es la misma que yo luzco. Ya no existen en mí vida interrogantes; por fin os tengo a los dos: os quiero madre…padre.”

 

2 comentarios sobre “Madre…padre.  

  1. Que historia más entrañable y bonita. Cosas que pasan en la vida ¿verdad?.
    La has contado muy breve, lo que la hace más rica. Porque cargada de relato va.
    Haces imaginar la escena, la vida de aquella pobre mujer que yacía en la tumba y el encuentro de un padre con su hija a los píes de ella.
    Todo ello con soltura y facilidad.
    Enhorabuena, una historia muy bonita.

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