La rata, el gato y el ratón.

Definitivamente permanecían a la espera. ¡¡¡Pobres ignorantes!!! Por un momento pensaron que el modelo de vida del que gozaban, los libró de la inmundicia a la que se vieron impuestos durante tantos años. La mierda esparcida por unos cuantos, alardea con infinita desvergüenza por doquier y los gatos temen por la supervivencia de su especie. La basura se acumula por cualquier rincón de las calles y las ratas, esgrimiendo la codicia como bandera, despliegan su poderío. Los gatos, años al sol panza arriba, confiaron en la fortaleza de unas leyes que les prometían el bienestar y la justicia tanto tiempo anhelada, y han quedado convertidos en la carne que sustenta la panza de los facinerosos. Esconden su rabo entre las piernas y a duras penas sobreviven entre los recovecos de unos símbolos que creyeron extinguidos. Mientras, el ratón permanece a la espera.

Regueros de sangre desahuciada circula por las callejuelas que, con extrema desfachatez, gourmets coleccionistas de lo ajeno, guardan con delicadeza en su bodega, protegida en botellas de cristal chapado en oro.

El rincón en que el gato durmió plácidamente las últimas décadas, se convirtió en el nido en que el francotirador, con un bigote enorme que le distingue del resto, abate cualquier conato de rebelión que ponga en peligro la estabilidad del orden constitucional, amparado clandestinamente entre los pliegues de unas hojas que, por ellos roídas, esgrimen con la impudicia del que se sabe intocable.

Pero el gato, tímidamente, atusa los bigotes que, por desidia, perdieron la sensibilidad y dejaron de percibir el peligro antes de caer en la trampa, y parece no resignarse al destino que unas pocas ratas le imponen.

Conatos de rebelión se perciben en ciertos ambientes: “no te fíes” dicen las ratas. Los gatos, junto a una horda inmensa de ratones que se sintieron importantes cuando abrazaron las promesas de unas ratas corruptas sedientas de riquezas, permanecen a la espera de los acontecimientos que el futuro les depara.

¿Conseguirá el gato imponer sus razones ante el descontrol y la estulticia establecida? ¿Se comerá a la rata, después de descontaminarla, que adormece la voluntad del inocente chupando con descaro la sangre que lo sustenta? ¿Comerán una vez más el gato y la rata al ratón por ver saciada su sed de venganza? Continuará.

Texto para mi colaboración en 100grados número 9 – Con ladrones y gatos pocos tratos.

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