La luz en su mirada

      Insistí en acompañar a mi madre y al final, allí me encontraba: en aquella habitación. Tendría unos seis años y su imagen quedó grabada para siempre en mis sentidos. Olía a medicinas y un penetrante olor de orín rancio que, días después, recuerdo aún me acompañaba. Una mujer se encontraba echada en la cama y con las mantas que la cubrían, tapó incluso su cabeza al vernos entrar. Tiempo atrás, mi madre me contó que, las dos, eran de la misma edad y de pequeñas, solían jugar a menudo. Posteriormente, una grave enfermedad la atacó y hacía un montón de años que permanecía en cama sin poder escapar de ella.

     Levantaba las sábanas y cubría su cara para, a continuación, bajarlas lentamente hasta que sus ojos quedaban al descubierto y mirarme con aquellos ojos grandes, que parecían inmersos en la locura. En verdad no debían ser muy grandes; pero la carnosidad que cubría su cara era tan escasa, que solo la piel parecía cubrir los huesos que sobresalían junto a esa mirada dura y penetrante. Me escondí detrás de mi madre cogido a su falda. Un inmenso temor me atenazaba y mientras esta hablaba con la madre de la enferma, en todo momento que quise verla, sus ojos impactaban en los míos como dos potentes manchas instalados en la oscuridad. Sentía miedo; mucho miedo. Empecé a tirar discretamente de la falda de mi madre para escapar de aquel horror; pero continuaba hablando con la madre de la enferma y parecía no enterarse de que yo quería escapar de allí.

    En un determinado momento, mi madre, habló directamente a la enferma. Aproveché la ocasión para asomarme discretamente y poder ver su reacción. Por lo visto la reconoció; bajó las sábanas dejando su rostro al descubierto y esbozó una cadavérica sonrisa que me obligó a esconderme de nuevo tras ella y cerrar los ojos aterido por el terror.

    Caminábamos de vuelta a casa e iba cogido de su mano mirando las evoluciones de la punta de mis zapatillas.

    .- Se va a morir?-le pregunté.

    Busqué su mirada tratando de adivinar la verdad antes de que me contestara. En ese momento, secaba con un pañuelo las lágrimas que empañaba sus ojos y bajé de nuevo la cabeza.

    .-Madre: cuando alguien se va a morir, se le pone esa cara tan horrible?

    .-Claro que no hijo. La muerte puede aparecer en cualquier momento y llevarte cuando menos te lo esperas; incluso cuando estás riendo y sientes toda la felicidad del mundo. Incluso así hijo; incluso así…

    .-Pero, cuando miraba sus ojos, parecía como si tragara los míos hacia un pozo hondo, muy hondo…sentí mucho miedo madre…mucho miedo. Así como ahora y siempre, miro a usted a los ojos y veo… una luz que me sonríe sin que usted me ría, en los ojos de ella no vi nada…

    .-Eso es por lo mucho que te quiero hijo; y mi mirada, cuando te miro, te dice lo feliz que me hace tenerte a mi lado.

    Atrajo mi cuerpo a ella con fuerza y continuamos en silencio nuestro camino.

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