La piruleta

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    El tiempo transcurrido?: no lo recuerdo. Tampoco el día en que decidiste contarle la verdad. Miento. Lo recuerdo todo; hasta el hecho más insignificante. Necesitabas de mi presencia, cuando le contaste que me amabas, porque temías su reacción. Pobre diablo. Lloraba como un bebé. Pero tú, imperturbable, te apoyabas en mi físico mientras te relamías de placer por el trato tan degradante que el  muy desgraciado recibía. “Que eres un pobre tonto que te crees todo lo que te cuento. Que el último día que viniste a casa a buscarme y no te abrí estaba con él, o sea yo, en la cámara jugando al escondite…” Pero lo que realmente le hirió en lo más profundo de su ser fue que, mientras se lo contabas, un servidor, chupaba con frenesí la piruleta que él te compró, un rato antes, con motivo de tu cumpleaños.

     Pasaron cinco años. Ahora soy yo el que recibo el trato humillante por tu parte.  “Que si soy un pobre diablo que no tengo donde caerme muerto. Que le has estado chupando la piruleta a menudo, mientras yo pensaba que estabas en casa viendo la televisión con tu madre.”¡ Hay que ver lo cruel que puedes llegar a ser!. Pero puestos a contar verdades debo decirte que, mientras tu endulzabas tu boca con su piruleta, su mujer la endulzaba con la mía. Es más: también él disfruta con ella de vez en cuando.

 

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