Adiós vida

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    Fue tu ausencia la que me llevó a encontrarme de nuevo frente a ti. Deseaba por todos los medios olvidarte; pero mi ansia de ti fue más fuerte que la razón. Hui de mi vida para, tal vez así, sentir que no te necesitaba y, de nuevo, me perdí: te encontré. Tal vez mi deseo no fuera lo suficientemente fuerte para decirte… ¡¡¡basta!!! En ese momento no supe que decirte; tampoco como mirarte. Por un momento creí que, al posar mi mirada en tu silueta, desfallecería de placer y sería el más feliz de este mundo, tan siquiera por unos momentos. Pero no. Durante mucho tiempo, cuando entrabas en mí, el sosiego me envolvía y la mente volaba por espacios infinitos, para poco después, verme colgando de un vacío inmenso donde la sinrazón se adueñaba de mi ser. Cuando bebí todo lo que de ti quedaba,  deseaba morir por no ser capaz de alejarme de tu influencia. Te deseo, pero no quiero estar cogido en tus redes; te amo, pero puedo olvidarte; te añoro pero esta vez sí: no deseo volverte a ver. Hoy si: definitivamente, tu líquido quemará por última vez mis entrañas. Adiós vida.

Ausencia

Que dura es la ausencia

cuando miro a mi alrededor,

y entre brumasIMG_9024 copia la soledad,

un día fue se convirtió en pavor,

en la búsqueda de tu presencia.

Que feliz en mi recuerdo

cuando llegas hasta mí,

y depositas en mi mejilla

un beso cariñoso, así,

dulce, eterno.

Que tristeza al encontrar

entre las raíces de tu morada,

el silencio;

esperar,

si la eternidad así lo requiere,

tus pasos, tu camino; caminar.

Si puedo…

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No puedo escuchar el canto

que arrulla mi débil ser

porque solo oigo el llanto

de mi frágil vida al nacer.

No puedo sentarme a contemplar

aquello que la fe me ofrece

cuando una lágrima fenece

por la tristeza al mirar.

No puedo gozar del líquido

que la acuciante sed me pide

cuando  mi estómago despide

la sal  y perezco transido.

No puedo comer alimento

y cual animal herido

 me estremezco si lo intento

 perdido en el cometido.

No puedo besar la tierra

que áspera y hostil me espera

ni gozar la primavera

que sin conocerme me destierra.

No puedo arrancar de mi piel

 las heridas vergonzantes

amargas como la hiel

en mi vida circundantes.

Si puedo decirte a ti

que desprecias mi raigambre

 que te inunda la sangre

que circula dentro de mí.

 

 

 

El olvido

 

El olvido

A veces creo ver entre la bruma la presencia sublime de las cosas; aquellas que, por su naturaleza, se empeñan en seguir mis pasos sin reparar en que el olvido, se posó junto a mis recuerdos y, sin compasión, selecciona aquello que arbitrariamente desea, sin darme un pequeño margen para almacenarlo. No deseo luchar contra el olvido: no puedo luchar contra él. Nunca lo llamé; pero ahí se instaló. Se  encuentra  agazapado en un pequeño rincón de mi memoria y ni tan siquiera esos recuerdos que, la mayoría de las veces, llenan de gozo mi existencia, puede acallar sus silencios. Debo aprender a convivir con él y, de vez en cuando, solo de vez en cuando, recordarle que también puedo olvidarme de él.

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En tu mirada

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La luz que vi en tus ojos,

me reveló el sentir de tu ausencia;

lo sé: es una simple fotografía

cargada de tristeza,

 cruel en su indolencia.

Percibo que tu mirada porfía,

cada uno de los detalles

que interfieren en tu vida poderosos,

y te llenan de complacencia.

Tal vez con tu voz que fía

 y vaga en silencio por las calles,

encuentres el sentir,

la cadencia,

de tus deseos onerosos.

Madre…padre.  

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    “Lo sé madre. Aquello que nadie pudo contarme porque nunca nadie lo supo, se me reveló. Fue tu presencia, lo intuí, decisiva para que la manifestación se hiciera presente y así, poder acceder a la memoria de aquel que tú amaste y el fruto de tu amor, se hiciera presente en mí.

    Vine a verte madre. Había pasado mucho tiempo y los recuerdos se difuminaban en mi mente como pompas de jabón y, al poder estar cerca de ti, consideré que rememoraría tu cálido recuerdo. Es verdad que, ciertos momentos, quedaron  anclados en mi mente como sonoros y deliciosos testigos del cariño en que me arrullabas; pero…fue tan breve tu presencia para conmigo que, continuamente, me ataca la necesidad de sentir tus manos acariciando mi rostro; los besos húmedos de tus labios cosquilleando en mi cuerpo y el sabor de la leche que, a borbotones, llenaba mi boca ansiosa de ti; mientras, me cantabas una y otra vez…” el meu xiquet es l´amo del carrer i del corral…” Si: no puedo dejar de pensar en lo mucho que de ti quedó por compartir conmigo; la crueldad en que la vida te trató y te arrancó de mi lado cuando más te necesitaba…

       .-Buenos días.

      Las palabras me sobresaltaron y quedé mudo por la sorpresa. Al fin pude reaccionar y…

      .-Buenos días.

     No me había apercibido de la presencia de aquel hombre en el otro extremo del banco que ocupaba, y me irritó sobremanera que interrumpiera mis pensamientos para contigo.

      .-Disculpa que te haya asustado; la verdad es que la soledad de la estancia es proclive a los sobresaltos, de no estar preparado para la situación. Siento haber interrumpido tus pensamientos; pero quería aprovechar mi visita para recordarla siquiera por un rato y…tal vez no tenga ocasión de hacerlo de nuevo.

      Calculo que era de mi edad; unos veinte años. Algo en sus ojos, las facciones de su rostro, me recordó a alguien; pero no supe decir a quien. Apartó su mirada de la mía sin darme la oportunidad de que a través de ella, indagara en su interior; pero la curiosidad pudo conmigo y el exabrupto que casi escapa de mi pecho ante su intromisión, quedó paralizado por las últimas palabras que pronunció..

     .-Es tu madre verdad?

     De nuevo dirigí mi mirada a la fotografía instalada en la lápida y no pude evitar que una lágrima resbalara por mi mejilla.

      .-Fue una gran mujer. Los chavales del pueblo porfiaban por salir con ella…según me contaron…

      No pudo continuar la frase. Un ligero temblor atenazó su voz y vi que las lágrimas inundaban su ojo izquierdo, cuando miré  su perfil sorprendido ante la revelación: sus últimas palabras calaron en mis oídos y quedé paralizado por la emoción.

      .-Cómo sabe esas cosas de mi madre? Usted no pudo conocerla…

      Miraba su fotografía impresa en la lápida y su rostro, lo que pude vislumbrar de él, reflejaba una profunda tristeza.

      En mi cabeza hervían mil y una preguntas para con el intruso y nuevamente me dirigí a él.

     .- Quien le habló de ella…?

      Al igual que apareció sin que me percatara de su presencia, había desaparecido. Dirigí mi mirada interrogante hacia todas partes pero…fue en ese momento cuando sentí tu presencia  como nunca antes la sintiera, madre: el olor de la yerbabuena, con la que perfumabas mi pequeño cuerpo, flotaba en el ambiente y me vi transportado más allá del tiempo y del espacio. Las imágenes aparecieron con nitidez en mi mente  y allí estabas tú: entre las flores que adornaban la pequeña galería de la que entonces fue tu casa; mientras, hablabas cariñosamente a un bebé que reía con fuerza tus arrumacos y comprendí que era yo. Poco después, alguien apareció a tus espaldas y te cogió por la cintura y depositó un cariñoso beso en tu mejilla; me cogió con las dos manos y me transportó hacia lo alto, madre, al mismo tiempo que me dirigía cariñosas e interrogantes palabras y yo, mordía mis manos nervioso y entre risas al contemplaros desde las alturas. No podía ver su rostro; pero en un momento dado, la escena cambió, y los ropajes que vestía, de improviso, cambiaron con el color de un uniforme militar. Tú, madre, llorabas desconsoladamente y te aferraste a él por la cintura a sus espaldas. Entonces, conmigo en sus brazos, se fundió en ti con un fuerte abrazo, mientras el bebé, yo, ocupaba el centro de la escena entre los dos. Entonces ocurrió algo inexplicable madre: era él; era el hombre que, momentos antes, se sentó junto a mí y desapareció sin tener la oportunidad de platicar con él y saber más de ti. Entonces lo comprendí: él había venido a presentarse ante mí y frente a ti. Era mi padre; aquel del que nunca te oí hablar porque abandonaste este mundo antes de que yo tuviera la suficiente razón para comprender el porqué de su ausencia  y del que nadie, nunca, me dio razón.  El lunar que ocupaba un pequeño espacio en su mejilla derecha, es el mismo que yo luzco y sus ojos, junto a su melena rubia como un sol primaveral, es la misma que yo luzco. Ya no existen en mí vida interrogantes; por fin os tengo a los dos: os quiero madre…padre.”

 

Aquel día…

… rompió a llorar la vida;

abandonó al hombre el color;

renegó de la amistad y,

 del lugar donde se produjo,

dormida,

 cegó la mirada del pecador.

Calcinó la simiente del rico;

insufló esperanza e indujo,

a ser feliz al pobre y,

le libró por siempre del dolor.

Aquel día,

 el sol cubrió su faz,

y desterró de su mirada,

la vergüenza del ser mezquino:

decía ser superior.IMG_20150831_191239

¿….y….?

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Cuanta luz veo en tus ojos
cuando accedo a tu estancia
en la que mi deseo se invierte
dejando desnudas mis razones.
Cuanto color existe en tu vida
cuando por medio del fracaso
finges gozar del silencio
y a continuación feneces.
Cuanto dolor arrebatado
por el recuerdo de las derrotas
que en tu vida sufriste.
Todo es fingido:
incluso tu vida
y mis razones.

Una nube…

IMG_20150418_195931Alcanzaron una nube las notas de mi canción. Satisfecho me encontraba. Mientras, oía vibrar cada uno de los destellos de luz que, al paso del sol por las nubes, reverberaban en la inmensidad del espacio circundante. Allí, a su alrededor, se congregaron todas las almas que antaño conocí y disertaron sobre lo oportuno del momento en que sonaba. Me irrité; porque tal hecho, desvirtuaba cada uno de los pensamientos que circularon por mi mente en el momento que la compuse. Necio de mí: no supe comprender lo que ocurría hasta que, horas después, descendieron las notas hasta mi rostro, en forma de lluvia negra e inmisericorde.