
…el cielo aparece
preñado de oscuridad
harto de la iniquidad
y, poco después,
cansado fenece.
Con tristeza, su semblante
nos habló de cobardía:
de la tuya, de la mía.
El viento,
arrebata furioso
el más nimio deseo de paz,
e instala en nuestro entorno
el desasosiego de la duda;
como la vida
y en su faz,
queda instalada
Sabor en mi boca…
Desnuda tu cuerpo entre las sombras
y coteja la luz de tu alma así;
frente a mí, tu vida está en calma
henchida de placer, pletórica en tus formas.
Regala mi existencia introduciendo en mi boca
el néctar de tus pechos,
la savia no es poca;
ávidos de placer, mis sentidos anhelantes,
quedarán en paz; felices, satisfechos.
La textura de tu piel
Inicio mi caminar y la mañana me obsequia con un cielo azul decorado por cansinas nubes blancas, semejantes a pequeños copos de algodón. Un sinfín de matices me rodean, y paseo mi mirada con curiosidad a la búsqueda de la luz. El nuevo día nunca me decepcionó. Inunda mis ojos de color y me conmina a entornarlos. En mi interior, trato de guardar cada una de las sensaciones que me cautivan y allá, en el infinito, percibo la esencia de lo sublime que me acecha con benevolencia. Retengo la imagen. Abro los ojos y… el milagro se produjo. Allí donde el matiz pugnaba por encontrar su identidad, lo descubro ahora rodeado de un sinfín de puntos luminosos que enriquecen mis sentidos y confluyen milagrosamente en un saturado espacio común. Cierro los ojos. Pero, aun no me encuentro satisfecho. Un pequeño desajuste y mi mente se sorprende de que tal hecho se produzca. Apoyo mi mano en el tronco del olivo centenario que me cobija y, de inmediato, mi mano, mudo testigo de mis encuentros contigo, acaricia su tronco sensualmente tratando de saber del poder que le da identidad y memorizar su estructura para ser usada en un momento dado. Es en ese momento cuando percibo la acuciante necesidad de recorrer calmadamente sus ramas; sus hojas; el fruto que, día a día, crecerá con fuerza hasta eclosionar en un dulce suspiro y embelesar mi paladar con su néctar. Pero necesito saber más de mi encuentro para con aquello que me rodea y, esta vez, mis dos manos, ávidas de deseo por retener hasta el último detalle, recorre con premura todo lo susceptible de ser recordado para, finalmente, dejarme llevar por el benevolente arrullo del agua. Así, milagrosamente, el acto se consume y mi mente lo guarda para sí: transmitirá a través del pincel y el lienzo su secreto, para el gozo y disfrute de los sentidos. Hoy, se algo más de ti. Un día más, disfrutaré de la textura de tu piel y mi impresión te la ofrezco en agradecimiento por tu generosidad para conmigo. Luz, color, textura: una vez más, gracias vida.
Físicamente…
…deseo verte; pero este deseo confunde mis pensamientos mientras corroboro lo inútil de mi acción. Verte te veré. Lo deseo? No lo sé. Estar cerca de ti estaré. Pero mi tiempo para contigo, se reducirá a un simple “ estás bien? ; me alegra verte”. Mi mejilla rozará la tuya y en mi rostro quedará instalada la casta frialdad de tu piel. Pero más tarde, lejos de ti, en el refugio de mi soledad, aparecerás una vez más entre mis sueños y tu presencia inundará de deseo mi existencia. Cerraré los ojos y mi pasión por ti, encenderá la maleza que inunda mis recuerdos y las brasas calcinaran las estancias de la memoria en que, tiempo atrás, te ubiqué. Acariciaré tu cuerpo con suavidad, hasta establecer la barrera que separe lo humano de lo divino, y fijaré una vez más el ardor de tu cuerpo sobre todo aquello que, entre sombras, corrobore tu presencia. Ahí estás; aunque no lo desee. O… tal vez sí?
ES LA MIRADA…
… la que define cada uno de los hechos que acontecen en nuestra vida. Alegría, tristeza, ansiedad, miedo, ilusión…todo queda supeditado a la luz interior que, a través de los ojos, emana en un momento dado y que delata aquello que nos arrastra, bueno o malo, sin remisión. Podemos hablar, reír, llorar… y aquellos que nos escuchan hablarán, reirán o llorarán con nosotros. De hecho somos capaces de mentir sin el más leve rubor, tratando de aparentar que la felicidad o la tristeza nos inunda en un momento dado; pero esa luz que llevamos en nuestro interior, parpadea alertando de nuestro estado emocional. Creo que algunos, muy pocos, son capaces de disimular estas circunstancias y pasar desapercibidos cuando alguna sombra acecha en su vida. Pero si nos fijamos bien, a estas personas, también la mirada les delata: son incapaces de mirar a los ojos de su interlocutor, por miedo a delatar los sentimientos que le embargan.
DE CAMINO AL MUNDO DE LOS SUEÑOS…
…cuando la luz esconde la visión de lo bellamente sublime, en que nuestra mirada disfrutó por la singular explosión de color en que cada día este mundo nos deleita, echados, con los ojos cerrados a la espera del tránsito reparador, reflexionamos sobre lo acontecido a lo largo del día y raramente dejamos de lado nuestro ego.
Lo primero que acude a nuestra mente es el éxito que acompañó nuestros actos y la satisfacción por el hecho acontecido en que nuestro protagonismo brilló con luz propia. Pocas veces reparamos en que, para que tal hecho fuera posible, otros dejaron por el camino las huellas de su derrota y la verdad sobre lo ocurrido, deja grabada en su piel la amargura de su existencia.
Son seres humanos que, como nosotros, despiertan al alba igual que nosotros y sus sueños de conquista, como los nuestros, esperan agazapados su oportunidad por verse realizados.
Actuemos con generosidad. La explosión de color permanecerá en nuestra mente cuando cerremos los ojos y recordemos que, alguien, anónimo o no, es feliz porque nosotros decidimos ser partícipes de sus sueños. Deseo pensar que, en el rostro sombrío de alguien y en un momento inesperado del día, apareció una sonrisa dulce y reparadora que le insufló felicidad siquiera por unos momentos.
Funciona; lo sé y quiero que la gente sonría a costa de mis torpezas y desvaríos. Esto me hace feliz. Mi ego me lo pide.
Allí…
… te encontré. Estabas entre el color que inundaba de recuerdos tu mente y desde la distancia que domina el mundo de los sueños. Creo que me hablaste; pero mi ignorancia cegaba mi mente y los deseos, aquellos que nunca compartiste, obnubilaron mi memoria hasta el extremo de verme como un simple títere. Recorrí los caminos a la búsqueda de la razón que diera sentido a mi existencia y, por fin, encontré la mano inocente que mueve los hilos de mi demencia. Soy como una navaja pero, sin filo. Lo perdí cuando te hablé de mis deseos, y castigaste mi osadía secando la lengua que lamía tu nombre y apartando de tu camino la humanidad que me daba identidad. Nada soy por ti. Ahora es todo lascivia en mí.
SAL DE MÍ…
Acaricio con delicadeza la sensación que cubre mi cuerpo con el acuciante deseo de encontrarte. Lentamente y con extrema dulzura, paseo mis manos por mi piel con la convicción de que te encuentras entre sus pliegues; pero, no estás ahí. Me abandono entre la humedad del líquido vital que me da la vida y me dejo arrastrar por la corriente entre los recovecos que conforman mi cuerpo mientras te llamo pero, no respondes. Deseo hablarte sin fingir que te entendí. Deseo llorar de rodillas frente a ti y pedirte perdón por todo aquello que perdí cuando dejé de lado mi inocencia, ante la impaciencia por crecer y, así, poder mirar al mundo cara a cara e imponer mis razones de conquista; pero, no me quedan lágrimas. Dónde estás? Deja de torturarme con tu sinrazón y te prometo vivir conforme a mis creencias y no pensar en aquello que un día vislumbré y que hoy, definitivamente, he perdido.
Estás ahí y no puedo verte. Te siento como nunca te sentí, pero me veo indefenso ante la fortaleza que emana tu invisibilidad. Por todos aquellos que aún esperan algo de mí. Por todo el respeto que siempre les ofrecí, dame la libertad. Sal de mí… tristeza.
Un día cualquiera…
…y me dirigí allá donde los sueños irrumpen con estruendo entre las rocas que protegen nuestro corazón, y el oleaje que define nuestro ímpetu enaltece el sentido de lo humanamente correcto. Pero, como siempre, nada hallé. Miento: unas pequeñas migajas esparcidas entre las brumas de la ignorancia y como no, ahí si pude discernir entre el desengaño que produce el paso de los días en nuestros recuerdos, y el desencanto en que nos sumimos cuando creemos que, los sueños quedan atrás y el presente ejerce su presión en nuestra mente hasta que elimina lo diametralmente opuesto a la sabiduría. Una vez más me equivoqué y, otra vez más, la frustración hace mella en mí. Pero después, como siempre, me siento a gusto conmigo mismo al comprobar lo bien que me llevo con ella: mi ignorancia.
Un día cualquiera…
…y me dirigí allá donde los sueños irrumpen con estruendo entre las rocas que protegen nuestro corazón, y el oleaje que define nuestro ímpetu enaltece el sentido de lo humanamente correcto. Pero, como siempre, nada hallé. Miento: unas pequeñas migajas esparcidas entre las brumas de la ignorancia y como no, ahí si pude discernir entre el desengaño que produce el paso de los días en nuestros recuerdos, y el desencanto en que nos sumimos cuando creemos que, los sueños quedan atrás y el presente ejerce su presión en nuestra mente hasta que elimina lo diametralmente opuesto a la sabiduría. Una vez más me equivoqué y, otra vez más, la frustración hace mella en mí. Pero después, como siempre, me siento a gusto conmigo mismo al comprobar lo bien que me llevo con ella: mi ignorancia.





