Mentira

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Ardiente la luz que embelesa

un sin par compromiso de emociones,

paseo  la mirada vacilante

a la búsqueda de la palabra perdida.

Callada, sencilla, golosa…eterna;

como ese sol que calienta mis entrañas

y arremete con fuerza hacia la nada.

Sentimiento, amor, deseo, sexo;

falacia, sensualidad, lujuria, tesón,

frío, frustración…

Complejo entramado cargado de recuerdos,

que se cobija en el rincón más anhelante,

más distante, más absurdo; junto a mis secretos.

La luz en su mirada

      Insistí en acompañar a mi madre y al final, allí me encontraba: en aquella habitación. Tendría unos seis años y su imagen quedó grabada para siempre en mis sentidos. Olía a medicinas y un penetrante olor de orín rancio que, días después, recuerdo aún me acompañaba. Una mujer se encontraba echada en la cama y con las mantas que la cubrían, tapó incluso su cabeza al vernos entrar. Tiempo atrás, mi madre me contó que, las dos, eran de la misma edad y de pequeñas, solían jugar a menudo. Posteriormente, una grave enfermedad la atacó y hacía un montón de años que permanecía en cama sin poder escapar de ella.

     Levantaba las sábanas y cubría su cara para, a continuación, bajarlas lentamente hasta que sus ojos quedaban al descubierto y mirarme con aquellos ojos grandes, que parecían inmersos en la locura. En verdad no debían ser muy grandes; pero la carnosidad que cubría su cara era tan escasa, que solo la piel parecía cubrir los huesos que sobresalían junto a esa mirada dura y penetrante. Me escondí detrás de mi madre cogido a su falda. Un inmenso temor me atenazaba y mientras esta hablaba con la madre de la enferma, en todo momento que quise verla, sus ojos impactaban en los míos como dos potentes manchas instalados en la oscuridad. Sentía miedo; mucho miedo. Empecé a tirar discretamente de la falda de mi madre para escapar de aquel horror; pero continuaba hablando con la madre de la enferma y parecía no enterarse de que yo quería escapar de allí.

    En un determinado momento, mi madre, habló directamente a la enferma. Aproveché la ocasión para asomarme discretamente y poder ver su reacción. Por lo visto la reconoció; bajó las sábanas dejando su rostro al descubierto y esbozó una cadavérica sonrisa que me obligó a esconderme de nuevo tras ella y cerrar los ojos aterido por el terror.

    Caminábamos de vuelta a casa e iba cogido de su mano mirando las evoluciones de la punta de mis zapatillas.

    .- Se va a morir?-le pregunté.

    Busqué su mirada tratando de adivinar la verdad antes de que me contestara. En ese momento, secaba con un pañuelo las lágrimas que empañaba sus ojos y bajé de nuevo la cabeza.

    .-Madre: cuando alguien se va a morir, se le pone esa cara tan horrible?

    .-Claro que no hijo. La muerte puede aparecer en cualquier momento y llevarte cuando menos te lo esperas; incluso cuando estás riendo y sientes toda la felicidad del mundo. Incluso así hijo; incluso así…

    .-Pero, cuando miraba sus ojos, parecía como si tragara los míos hacia un pozo hondo, muy hondo…sentí mucho miedo madre…mucho miedo. Así como ahora y siempre, miro a usted a los ojos y veo… una luz que me sonríe sin que usted me ría, en los ojos de ella no vi nada…

    .-Eso es por lo mucho que te quiero hijo; y mi mirada, cuando te miro, te dice lo feliz que me hace tenerte a mi lado.

    Atrajo mi cuerpo a ella con fuerza y continuamos en silencio nuestro camino.

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Redonda como una peseta

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     Me había prometido una peseta si dejaba las llantas de la bicicleta brillantes, como la moneda de cincuenta céntimos que me dio por adelantado.

    Hacía tiempo que no la usaba y se encontraba colgada de una viga de madera en el corral, donde almacenábamos la leña. Un día, decidió hacer una puesta a punto de la misma, y la desmontó pieza por pieza para su limpieza; así era mi padre.

    Con mis siete añitos, contemplaba sus evoluciones entre ruedas -le faltaban tres rayos a una de las llantas- cubiertas desgastadas e inservibles, frenos, manillar… hasta que, en un momento dado, me lo propuso y selló nuestro acuerdo con el adelanto de la moneda. En estas me encontraba cuando, en la calle, un sonoro ruido metálico llamó mi atención: Miguel bajaba corriendo calle abajo, mientras, con una pieza metálica  alargada que acababa en forma de u, presionaba sobre una vieja llanta de bicicleta que bajaba rodando a la velocidad que él le imponía. Visto y hecho; minutos después, los dos evolucionábamos arriba y abajo porfiando por ver quien imprimía más velocidad a las llantas: él con la pieza metálica y yo con la mano.

    Siempre, cuando a gusto me encontré, impuse la pasión en todos mis cometidos; tanta que, en un momento dado, le di tal empujón a la llanta, que salió disparada calle abajo en dirección al barranco. Corrí como alma que lleva el diablo intentando alcanzarla, pero resultó inútil. Una pequeña curva al final de la calle, y la llanta torció siguiendo su dirección como si, de siempre, conociera el camino.

    De nada sirvió el tiempo que Miguel y yo invertimos buscando la rueda: no la pudimos encontrar. Me pasé un buen rato llorando mientras contemplaba las aguas que, de buen seguro, guardaban en sus entrañas el objeto- juguete que, definitivamente, perdí.

    Ya entrada la noche volví a casa. Sabía que mi padre no se encontraría allí: a diario salía a la taberna por pasar un rato con los amigos. Le conté a mi madre que me dolía la cabeza –ella besó mi frente buscando un mínimo atisbo de fiebre, pero no lo encontró- y subí a mi habitación. No podía dormir: las lágrimas invadían mi rostro en cascada y me pregunté, de donde podía salir tanta agua; igual me quedaba seco durante la noche y al día siguiente había desaparecido. Mejor –pensé- así mi padre nunca sabrá que le fallé.

     No sé cuánto tiempo había transcurrido, pero alguien trataba de despertarme; me llamaba insistentemente por mi nombre, José Vicente, hasta que, por fin, pude abrir los ojos. Era mi abuelo Pepe. Me dijo que era muy tarde y que si no me importaba, me echaría una mano limpiando las ruedas de la bicicleta. No sabía qué hacer y las lágrimas hicieron de nuevo acto de presencia. Por fin me decidí a bajar y contarle al abuelo lo sucedido. Cuando me encontré frente a él, no me lo podía creer: entre sus manos sujetaba la rueda de la bici de mi padre  que, supuestamente, perdí entre las aguas del barranco. Pasamos un par de horas limpiando y le conté el mal rato que pasé el día anterior a la búsqueda de la llanta mientras él, me miraba con esa sonrisa dulce y cariñosa  que siempre le acompañaba. 

    .-¡¡¡José…José…vas a llegar tarde a clase!!! Mi madre me despertó y después de desperezarme con gran sonoridad, me levanté de la cama con la agradable sensación del deber cumplido.

    Mi padre me esperaba abajo, y me entregó los cincuenta céntimos restantes por el trabajo hecho con las ruedas. Me dijo que nunca pudo imaginar, que yo sería capaz de dejar el metal tan brillante como lo hice. Con gran orgullo y satisfacción, reuní las dos monedas, y me puse a pensar en qué me las gastaría.

    .-¡¡¡Buenos días abuelo; buenos días abuela!!! –le dije saltando de alegría, cuando salía de casa en dirección al colegio.

    Fue en ese momento cuando me di cuenta de que algo, no encajaba en la situación que estaba viviendo. Paré en seco; volví calmadamente sobre mis pasos, mientras contemplaba las monedas que mi padre me dio por mi trabajo, y quedé plantado frente a la pared. Las monedas las palpaba: estaban en mi mano. Mi padre salía en ese momento de casa: iba a probar la bicicleta. Mi madre, junto con mi tío Vicente y mi hermana, introducían los últimos panes del día en el horno, y mi abuelo Pepe junto a mi abuela Victoria, me contemplaban desde la fotografía colgada en la pared. Todo era verídico; todo era real; excepto la fecha de la fotografía desde la cual mis abuelos me contemplaban: fue la última vez que posaron juntos para la ocasión; habían fallecido los dos, con un intervalo de tres meses y de ello habían pasado cinco años. En mis recuerdos nunca conservé una vivencia para con ellos.

La raiz

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Es la raíz que gangrena la tierra;

raíz de ignorancia y maldad.

De la fe que se nutre con la sangre del inocente;

de rayos poderosos e inmisericordes

que golpean con crueldad la voluntad del débil,

y lo convierten en fuego abrasador de voluntades.

Es la raíz del mal.

Corroe las entrañas de la razón,

y da aliento a la voluntad del canalla;

extiende su cobardía por  el mundo,

cuando del mundo, su sangre mama,

y nada es sin él.

Es la raíz del fracaso.

Nada somos sin aquello que debe ser:

nuestra voluntad por ser.

Cruel desengaño por la sin razón

cuando a la tierra, cansados, volvemos;

allí de donde, sin pedirlo, venimos.

Dos rosas al sol

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 “Mejor no salgas de casa hija. ¡¡¡Mira que tienes unas ocurrencias: ir a visitar a tu amiguita con el tiempo que hace!!! Ha llovido mucho; el barranco salió de su cauce y es peligroso pasar el puente”.

     Pero ella sabe que debe ir. Hace un año que se fue, tal día como hoy, y desde el sitio donde se encuentra, hace rato que escucha su llamada. Por eso, piensa, no puede faltar a su encuentro. Corta dos rosas rojas del hermoso rosal que crece en la galería y se dirige allí.

     Llega al puente. Mucha gente se concentra en los aledaños. El ruido es ensordecedor. Cruza con precaución y en su mitad se detiene; dirige su mirada barranco arriba. Efectivamente: la inundación cubre de parte a parte el lecho y un escalofrío recorre su espina dorsal mientras contempla las numerosas cañas y ramajes arrancados de las arboledas, arrastradas por las aguas embarradas. Asustada, recorre con premura los últimos metros que le quedan por cruzar.

     Sube la cuesta con rapidez; dirige la mirada hacia un cielo cubierto de nubes amenazantes que, por momentos, parecen contener la noche en sus entrañas, y recorre con desesperación la distancia que le queda.

     Unas mujeres ya muy mayores y vestidas de negro de arriba abajo, se encuentran con ella en la puerta. La miran con acritud: con desprecio; como si fuera una intrusa que se atreve a  invadir sus dominios y, poco después, continúan su camino con la cabeza agachada.  

     No ve a nadie más cuando entra; pero pocos metros antes de llegar al lugar de encuentro, de improviso, la figura de un hombre grande y encorvado, se cruza en su camino. La oscuridad incipiente le impide ver su cara con claridad, pero sí puede escuchar una voz profunda que sale de su garganta.

     .-¿Dónde vas chiquilla? Estoy a punto de cerrar. Date prisa.

     Con el miedo asentado en su cuerpo y mirando de reojo al hombre, se dirige a la tumba donde su amiga reposa.

     Una piedra blanca rectangular cubre el suelo donde ella está enterrada, y desde la misma senda que, de forma geométrica, recorre el cementerio, frente a ella, contempla hipnotizada su fotografía.

     Las lágrimas inundan su rostro. Compungida y rota por el dolor, camina hacia la tumba para depositar las rosas sobre ella.

     Un primer paso.

     La tierra que durante días ha sido golpeada con fuerza por la lluvia, reblandeció fuera de la senda, entre las tumbas, y absorbe parte del pie cubierto por una bota de goma blanca. Duda  y siente temor ante la situación que se le presenta. Se decide a dar un nuevo paso y, esta vez, el peso de su cuerpo ejerce presión sobre los puntos en que sus pies descansan y, sin remisión, se hunde poco a poco.

    Un grito de desesperación inunda el espacio circundante, pero nadie la oye. La tierra, convertida en un inmenso lodazal, continúa con su cometido y, en un momento dado, una canción llega a sus oídos. Su rostro, ahíto de terror momentos antes, pasa a un estado de placidez y dulzura inesperado y sin remisión, desaparece entre las entrañas de la tierra.

     La buscan por todas partes y la desesperación, abate por momentos el estado anímico de las buenas gentes que, durante horas, dedican sus esfuerzos a encontrarla.

     Clarea el día; una llamada de auxilio y todos se concentran con premura alrededor de la tumba donde, supuestamente, ella llegó.

     Un extremo del lazo rojo que sujetaba su larga melena, cuando salió de casa, asoma por encima de la tierra junto a la tumba. Unos manos  sujetan con fuerza las azadas que golpean con desespero el lodazal, hasta dejar al descubierto el lazo por completo; pero, nada más hay sujeto a él. Su madre lo coge entre sus manos y los llantos arrecian con fuerza a su alrededor.

     Parte de la caja quedó al descubierto y desesperados ante la situación, el deseo por encontrarla incluso sin vida, les lleva a arrastrar el féretro al exterior y abrirlo.

      Con un golpe de azada la tapa queda desprendida de la caja y en ese momento, su interior queda iluminado con fuerza por el sol que asoma a través de las nubes. Un intenso  y dulce aroma inunda con fuerza los sentidos de los allí presentes, quedando sobrecogidos por la sorpresa: dos rosas rojas descansan en el lugar que el cuerpo de su amiga, debía ocupar.

Vilamarxant 1-11-2015

    

 

 

 

Deseo, lujuria…

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Mis deseos son como tus ojos: lánguidamente desnudan  mi cuerpo y los vapores de tu aliento humedecen mis sentidos y la lujuria, me desborda. ¿Qué hacer? Me agazapo entre las sombras y mis ojos acceden más fácilmente a tu desnudez. Así, al abrigo de los desbocados latidos de tu corazón, poso mis manos, mi boca, mi sexo en lo más profundo de tu ser.

 

Nada

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Nada

   Ese día decidió no hacer nada; ni tan siquiera abrir los ojos. Permaneció acostado con los brazos cruzados sobre su pecho y las piernas estiradas. Su mente voló por el infinito hasta encontrar… nada. Fue en ese momento cuando supo que algo no iba bien. Siempre fue capaz de pensar en algo y traducirlo sin problemas. Casi podía tocar cada uno de sus pensamientos; pero esta vez, nada de nada. Tampoco los recuerdos acudieron a su mente. Solo un punto de luz en la lejanía, era lo máximo a lo que pudo aspirar y se fue acercando a él lentamente con la innata curiosidad de aquel que aspira a ver por mirar, pero sin la acuciante necesidad de encontrar algo, aunque sea por conocer. Pero tampoco pudo vislumbrar nada. En ese preciso instante decide levantarse de la cama, pero no puede: algo le impide moverse. Desea gritar qué pasa cuando, de improviso, un pensamiento acude en su auxilio: quiere verse así mismo tal y como se encuentra en esos momentos y…lo consigue; acostado en el lecho, su mujer e hija le visten para el sepelio.

Amb éll, amb mí (Canción) Con él, conmigo

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Passejant  pel  carrer                Paseando por la calle

on  et  vaig  vore  ahir                donde ayer te vi

per  la pluja banyat,                    mojado por la lluvia,

càlida, feta de llàgrimes;          cálida, hecha de lágrimas;

entre quatre cantons                 entre cuatro esquinas

pare trist i ferit,                              paro triste y herido,

l´hivern  cru i gelat                        el invierno crudo y helado

el vent fred em llastima;            el frío viento me lastima;

amb un crit clame al cel              con un grito clamo al cielo

em  porte  junt  a tu,                      me lleve junto a ti,

d´esperança estic ple                   estoy lleno de esperanza

el desig s´ha complit,                    el deseo se cumplió,

la màgia del moment:                  la magia del momento

la teua presència al carrer        tu presencia en la calle

amb ell.                                                 con él.

Has eixit al portal                           Saliste al portal

i amb ell de la mà,                            y con él de la mano

els teus ulls càlids, vius,               tus ojos cálidos , vivos,

il-luminen l´escena,                        iluminan la escena,

a l´escenari els tres sols              en el escenario los tres solos

l´aforament es tot buit,              el aforo vacío,

de repent un esclat,                       de repente un estallido,

el soroll que no altera;                  el ruido no altera;

el teu pas que és menut               tu paso que es menudo

sempre dolç i pausat,                    siempre dulce y pausado,

una llàgrima cau                               una lágrima cae

del cel tot lluminós                          del cielo luminoso

te n´ adones que sóc:                     te das cuenta que soy:

part del teu món                               parte de tu mundo

fet de somnis amb mi.                    hecho de sueños conmigo.

Al meu «primo» (Cançó)

És hui un d´eixos dies     Es hoy uno de esos días

en què et trobe,                  en que te encuentro,

passeges la mirada           paseas la mirada

has eixit al carrer;             saliste a la calle;

et fixes que la llum            te fijas que la luzIMG_3121

està velada                               está velada

pareix que vulga ploure    parece que quiera llover

i fa un poc de fred.                y hace un poco de frío.

Es dia de complir                   Es día de cumplir

certs compromisos,              ciertos compromisos,

algunes coses volen              algunas cosas quieren

de paciencia i tu en tens;     de paciencia y tu tienes;

després molt poc a poc        después muy poco a poco

dus eixos pasos,                       llevas esos pasos,

pares un poc a l´espera        paras un poco a la espera

et sobra temps:                        te sobra tiempo

EST.- Et regires la butxaca  EST.- Registras tu bolsillo

et trobes deu centimets       encuentras diez centimítos

repasses la memòria               repasas la memoria

no necessites res,                      no necesitas nada,

tens” primos” que t´estimen,  tienes primos que te quieren

tens tios que també,                 tienes tíos que también

un plat d´arròs a la falla           un plato de arroz en la falla

i després passacarrer.              y después pasacalle.

Et fixes com va el tràfic            Te fijas como va el tráfico

no n’hi ha pressa,                           no hay prisa,

vas cap al cementeri                    vas hacia el cementerio

saps bé has d’ acudir,                   sabes bien debes ir,

mes tard  amb un drapet           más tarde con un trapíto

fas la faena                                         haces el trabajo

tot netet i polit                                 todo limpio y brillante

ha quedat bé;                                    quedó muy bien;

te n’ adones que hui                      te das cuenta que hoy

ja és dissabte                                    ya es sábado

vas cap al lloc de sempre          vas hacia el sitio de siempre

segur reps un puret                     seguro recibes un puríto

de segur que si han vist             de seguro que si han visto

bé eixa tasca                                    bien tu trabajo

tal vegada es despenge             tal vez se descuelgue

algun euret .                                      algún euro.

EST.-Et regires  la butxaca        EST.- Registras tu bolsillo

et trobes…                                          encuentras…

Deseo, hoja, susurro…

En que se convierte un deseo que aparece entre sueños aislados del mundo?

En que se convierte una hoja que desea acariciar cada instante vivido junto a ti?

En que se convierte un susurro junto a un oído herido por la mentira?

Deseo, hoja, susurro: es solo una ilusión, o… una mentira?

Sabrías responder a la verdad o ya está escrita por mí?IMG_4238