…inunda mi boca;
en un arrebato por ti,
mi deseo, mi mente loca,
deshoja tu cuerpo,
con lujuria.
Me introduzco
en cada uno de tus estadios,
con frenesí,
con furia,
por poseer lo que para mi quedó
después de tener todo,
para quedar solo: solo yo.
… rompió a llorar la vida;
abandonó al hombre el color;
renegó de la amistad y,
del lugar donde se produjo,
dormida,
cegó la mirada del pecador.
Calcinó la simiente del rico;
insufló esperanza e indujo,
a ser feliz al pobre y,
le libró por siempre del dolor.
Aquel día,
el sol cubrió su faz,
y desterró de su mirada,
la vergüenza del ser mezquino:

Cuanta luz veo en tus ojos
cuando accedo a tu estancia
en la que mi deseo se invierte
dejando desnudas mis razones.
Cuanto color existe en tu vida
cuando por medio del fracaso
finges gozar del silencio
y a continuación feneces.
Cuanto dolor arrebatado
por el recuerdo de las derrotas
que en tu vida sufriste.
Todo es fingido:
incluso tu vida
y mis razones.

…el cielo aparece
preñado de oscuridad
harto de la iniquidad
y, poco después,
cansado fenece.
Con tristeza, su semblante
nos habló de cobardía:
de la tuya, de la mía.
El viento,
arrebata furioso
el más nimio deseo de paz,
e instala en nuestro entorno
el desasosiego de la duda;
como la vida
y en su faz,
queda instalada
Desnuda tu cuerpo entre las sombras
y coteja la luz de tu alma así;
frente a mí, tu vida está en calma
henchida de placer, pletórica en tus formas.
Regala mi existencia introduciendo en mi boca
el néctar de tus pechos,
la savia no es poca;
ávidos de placer, mis sentidos anhelantes,
quedarán en paz; felices, satisfechos.
Mi deseo por ti arranca desde el momento en que tu sonrisa acarició mi mirada y se estableció en lo más profundo de mis ojos: fue por mí y para mí.
Mi deseo por ti se agudiza al contemplar el revuelo de los pliegues de tu falda y siento que me invitan a establecerme entre sus estancias y llenar de luz, tus deseos.
Mi deseo por ti no se disipa con un simple lamento de desesperación por la insistencia o desaparece de mi mente con un rotundo no, que brote de tus labios.
Mi deseo por ti es el hecho de saber que me desprecias por derecho y asumes con frigidez la consecuencia del desarraigo moral, en que me sumerges.
Mi deseo por ti fortalece la voluntad de tu deseo por escapar de la influencia de un suspiro enternecedor en que se vería comprometida la voluntad, de ese deseo.
¿…y….?
Cuanta luz veo en tus ojos
cuando accedo a tu estancia
en la que mi deseo se invierte
dejando desnudas mis razones.
Cuanto color existe en tu vida
cuando por medio del fracaso
finges gozar del silencio
y a continuación feneces.
Cuanto dolor arrebatado
por el recuerdo de las derrotas
que en tu vida sufriste.
Todo es fingido:
incluso tu vida
y mis razones.
No puedo olvidar el instante
en que me dijiste: mi paz te doy.
Inundaste de gozo mi alma
y así pude acercarme a ti.
Seguí tu andar por el mundo
y de tus manos, tu sangre bebí.
¿Porque me dejaste
perdido en mi sombra
sin probar el pan,
que en tu cuerpo yo vi.
Desperté una mañana
y sentí el dulce aliento de la victoria;
atrás quedo el sacrificio eterno de las cosas
que pierden su valor cuando, después de compartirlas,
accedemos al estado febril de un sueño traidor.
Despertar es un hecho irreparable
que invade la paz del soñador;
soñar es una ilusión pasajera,
hermosa, rica en nutrientes,
que alimentan mi corazón dormido
y amanezco feliz cual soy.
Me encuentro al pairo de tu voz cuando murmura mil y una promesas. Tal vez sea mi ansia, tal vez mi inocencia; pero deduzco por tu mirada que, aquello que prometiste, quedó al margen de nuestros deseos y que el gesto evocador, fue el puñal que frustró nuestras ilusiones.