El silencio…

img_3949-copia…empaña mi voz,

y se pierde entre las sombras,

más allá de los recuerdos.

Sujeta las argollas

que retienen la nostalgia

del pasado.

Ufano,

pasea presuntuoso

por la rosaleda,

en un vano intento

por fundir,

entre las flores,

todo amago de rebeldía.

Pero,

frente a los espectros enraizados,

sujetos al recuerdo,

donde los deseos perduran,

allí,

en el mundo,

prevalece tu presencia,

con rabia contenida,

porque reprimen cada uno de los gritos

de dolor,

y silencian mi presencia.

Un pedacito de luna

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El sol, como cada amanecer, apenas irradia pequeños destellos a través de la bruma, cargada de suciedad, que impide gozar de él con plenitud. Hace frío.

Poco a poco despiertan de su inquieto sueño. Mecánicamente, se desperezan y tratan de calentar sus entumecidos miembros, aletargados por el frío de la noche.

Vislumbran algo extraño a unos metros de donde ellos se encuentran. Nadie sabe que es y cómo llegó hasta allí.

-¿Es comida? – Preguntan unos con desesperación.

-¡Es una trampa!- Gritan otros

-¡Es un pedacito de luna! ¡Yo lo vi caer noche!- Afirma alguien.

Solo uno de ellos se separa del grupo y se acerca lentamente. Escudriña, con mirada temerosa, aquello que acontece a ras del suelo.

Se agacha y  lo observa con ojos curiosos. Coge su varita -dicen todos que es mágica- y, con ella, la toca con temor. A continuación, se levanta espantado. Retrocede de espaldas, sin perder de vista aquel ente  extraño, al encuentro de los demás.

-¡Es obra del maligno!¡ Debemos seguir con urgencia nuestro camino, antes de que esa cosa penetre en nuestras vidas y nos lleve a la perdición!

Así, continuaron su peregrinación. Miradas furtivas, mientras se alejan con premura… Sienten temor ante aquello que les es desconocido…

La flor, blanca como la nieve, quedó instalada en la tierra, anclada en sus raíces, y las consecuencias, con el tiempo, se hicieron  patentes en la cañada.

¡Lo sé mi amor!

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…¡Me lo habéis advertido una y mil veces!¡Mi padre, mi madre, tú…! Pero necesito verme realizada como mujer y sentir la plenitud de concebir una nueva vida en mis entrañas. Para ti; para mí. Observar día a día como mis pechos sienten la imperiosa necesidad de fabricar el néctar milagroso y adquieren la capacidad necesaria para alimentar el retoño, que dará un nuevo sentido a nuestras vidas. Las posibilidades de que se produzca el “milagro” son escasas mi amor; lo sé. Pero existen. Nada va a ocurrir: estoy segura mi amor. No temo a las consecuencias que dicho acto me pueda acarrear. ¡También los médicos se pueden equivocar! Pero necesito saber que, tú, me apoyas en esta decisión. Veras como, los dos, unidos, somos capaces de llevar a término este deseo y ver nacer, criar, a ese retoño que, en mis sueños, veo crecer feliz en nuestras vidas. No temas por mí, amor…

Se sentó en el sillón instalado en un rincón de la habitación. Sí: se siente feliz, satisfecho. Desde allí, contempla como ella, su mujer, habla con ternura a su hijo. Mientras, una fuente inagotable  de vida surge a borbotones de sus senos, inundando la diminuta boca. Un pequeño hilo de leche se desliza perezosamente por la comisura de los labios del bebé y, él, ríe con satisfacción, también ella.

Poco después, instala con inmenso cariño a su hijo en la cuna y su mirada le dice, que la acompañe en el lecho y la abrace con la dulzura que, solo él, es capaz de imprimir a su vida.

Así, como cada noche y en silencio, quedan abrazados. Solo la respiración acompasada, sosegada, satisfecha por el  hecho, le da a entender que la felicidad está instalada en sus vidas y que las negras nubes que empañaron su caminar, tiempo atrás, quedaron lejos, en un lugar donde, la memoria -él no es consciente- le mantiene aletargado, lejos de la realidad.

Se levanta al clarear el día. Se dirige a la cocina y se sirve un vaso de leche, desnatada, que calienta en el microondas, y lo endulza con una generosa cucharada de miel.

Vuelve a la habitación. Contempla la cama y la cuna. Arropa con inmenso cariño a su mujer que, como cada noche, se levantó para darle de pecho al crio. Los dos duermen profundamente.

Poco después, cierra con cuidado la puerta, para no despertarlos, y se dirige al encuentro  con la realidad; lejos del espacio que un día alimentó sus deseos. Es en ese preciso instante, al pisar el asfalto, cuando una lágrima se desliza tristemente por su mejilla y, como cada día, le aleja del mundo de los sueños. Con ellos, en su nido de amor, queda el crudo recuerdo. Las consecuencias de un deseo frustrado, las sufrirá el resto de sus días. Allí, entre cuatro paredes, quedan una cama y una cuna vacías.

¡¡¡No: en soledad no!!!

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¡Qué más da! Cada mirada es un recuerdo que se instala en nuestra mente y aparece por capricho cuando menos te lo esperas. Estoy cansado de mirar. Ver. Fingir que algo me importa cuando, en realidad, me ahoga el hecho de recordar infinidad de imágenes que nada aportaron a mi vida.

¡¿Mi vida?: ¡¡Vaya mierda!! ¡A nadie le importa lo que un día sentí! ¡Aquello que un día ofrecí! ¡ El despertar que cada día sufrí…!

¡Gente, gente, gente…! ¡¡¡Así os pudráis todos en el maldito infierno!!!

¿Qué quiere este cabrón?¿Un cigarro…? ¡¡¡Toma mi puta colilla imbécil!! ¿Qué me muera…? Sera hijo de…¡¡Que me muera?!! ¡¡¿Porque me dices eso cabrón?!! ¡¡¡Vuelve aquí maldito seas! ¡¡¡No huyas!!! ¡¡¡Dime porqué…!!!

¡Que me muera…! ¿Que sabrá este de mi vida para desear mi muerte?¿De aquello que llena de gozo mis esperanzas y.. convierte mi melancolía en desesperación y…?

Siento deseos de llorar. Necesito llorar…para…

No comprendo porqué desea de esa forma tan miserable mi muerte. Porque…ahora no puedo morirme. ¡Así, en soledad, no!

Soledad sí: ese vacío inmenso que corroe mis entrañas y ríe con desprecio mis andanzas. Pero…madre… es así como te sentiste el día que te fuiste? ¿Madre… padre? En verdad deseabais mi presencia como yo deseo la vuestra, ahora que voy a morir?

Pero…qué estoy diciendo? ¡¡Me voy a volver loco!!

¡Me encuentro mal! No sé qué me ocurre. Me encuentro fatal y… Pero, como coño puede ser? ¡Yo soy yo y… ése que se encuentra tirado en el suelo, rodeado de gente que lo contempla, no puede ser yo!

¡¡¡Joder!!! ¡Ahí está el miserable que deseó mi muerte y…está fumando un cigarrillo, mientras contempla con sorna a ese que, en teoría soy yo, pero que no soy yo porque, yo, estoy aquí! ¡Se va a enterar el muy capullo de las consecuencias de haber deseado mi muerte!

-¡¡¡Eh tú!!! ¡¡¡Eh maldito pordiosero: porqué has deseado mi muerte?!!!¡¡¡No me oyes?!!!

Nada: como si no existiera y… ¡¡¡Será cabrón: acaba de arrojar lo que queda de su cigarrillo sobre mí, y se larga con el andar chulesco de un puto macarra…!!!Pero, que digo?¿ sobre mí? Me estoy volviendo loco o…

-Nos vamos?

– Pero… ¿Quién coño eres tú? Ni siquiera sé quién eres y…,

¡¡¡No me lo puedo creer!!! Me desplazo tranquilamente hacia donde él se dirige y…me encuentro bien… Es, como si todo aquello que me angustiaba, quedara en un espacio indeterminado, ausente de mí, con… ese que está tirado en el suelo que parezco yo, pero que no lo es…

¡Mierda! Ahora lo comprendo: me he muerto y… este, me acompaña a… ¿dónde?.

¡Qué más da! Al menos me queda el consuelo de poder gritar alto y claro, para que todos me oigan, que… ¡¡¡He muerto rodeado de…un montón de gente!!!

 

A través del viento

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El viento susurra,

mil voces,

pronto al destierro

de la feroz sequia

en que la luz,

atrae las ánimas

sedientas,

enquistadas,

en su ramaje de estío

junto al fuego,

por el dolor

en la desdicha,

humillada la floresta,

por la carencia de humildad,

ante la desgracia

ya consumida.

¡Farsante!

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Eres todo aquello que, humanamente, nunca esperé encontrar en un solo hombre.

Eres la ignominia que, agazapada, espera entre la inmundicia que cubre tus mentiras infames. Así tu cínica sonrisa y tu sibilante voz, matiza tus mentiras para desgracia del incauto que, esperanzado, te escucha.

Eres, la simiente del odio que conmina a defender las excelencias de un sistema ruin y caduco, mientras ensamblas las cadenas que coartan la libertad, y tu mundo, rebosa de riqueza.

Eres, junto a los incautos que, con malicia, aceptan como válidas tus promesas y así, tu generosidad llene sus bolsillos, la desgracia del bien común.

Eres todo pecado. Instalas tus manos corruptas entre los pliegues de la memoria de aquellos que sufren por la maldad de tus actos, tratando de amortiguar su impacto e instalarte alevosamente entre sus miedos.

Eres la peste de los afligidos.

Eres el don del miserable carente de escrúpulos.

Eres el plagio de la libertad raída por el odio hacia aquel que, en su pensamiento, se aleja de aquello que, para ti, debe ser el credo universal que nos lleve al encuentro de un mundo más justo: tu ego.

Sobrevivír?

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La voz se convierte en luz cuando,

 un ser,

inocente,

clama su deseo por vivir y el sonido,

late entre los recovecos del vacío existencial.

Este,

se aferra al espacio que le circunda,

y anclado en la luz ,

la distancia,

a veces insalvable,

aísla el sufrimiento del dolor y reverbera entre la tierra,

en forma de simiente esperanzadora,

que busca alimentar el ego,

viciado,

de una conducta.

Es en ese momento cuando,

él,

se aferra a la vida y,

el anhelo,

frente a un lamento,

acecha agazapado entre los pliegues de la mente.

Ante esa tesitura,

cuando la desesperación hace presencia en la vida del incauto,

la injusticia se ceba en él.

Es indigno.

Es cruel.

Es inhumano.

Fría como…

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Su vida, arde como el sol. O eso me contaron. Pero oculta tras sus pestañas una mirada fría, como sus entrañas. ¡Cuántas veces, después de recorrer el camino, supe de ella sin tan siquiera conocerla! Es de esas cosas que, sin querer, se adhieren a tu memoria y te obligan a rastrear tus recuerdos sin saber, a ciencia cierta, en qué momento se produjo y porqué se produjo. Pero ahí está. Solo sé que, por curiosidad, quise conocerla.

Un día la encontré como… por casualidad. Poco después salimos a diario. Mientras, las risas y confidencias se alternaban en nuestros encuentros y el deseo, por nuestros cuerpos, permanecía ausente de nuestras prioridades.  Así que…no sé; pienso que, inconscientemente, la buscaba. Un día, de improviso, llegué a su casa. La puerta estaba abierta y entré, sin decir nada, extrañado por la situación. Hacía el amor, con un hombre, en su cama. Entonces ocurrió el hecho fatídico que, desde entonces, me acompaña: mi corazón es un tímpano de hielo que vaga a la deriva por el océano de mis fracasos, a la espera de que, la luz, de calor a mis sentidos.

La textura de tu piel

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    Inicio mi caminar y la mañana me obsequia con un cielo azul decorado por cansinas nubes blancas, semejantes a pequeños copos de algodón. Un sinfín de matices me rodean  y paseo mi mirada, con curiosidad, a la búsqueda de la luz. El nuevo día nunca me decepcionó. Inunda mis ojos de color y me conmina a entornárlos. En mi interior, trato de guardar cada una de las sensaciones que me cautivan y allá, en el infinito, percibo la esencia de lo sublime que me acecha con benevolencia. Retengo la imagen. Abro los ojos y… el milagro se produjo. Allí donde el matiz pugnaba por encontrar su identidad, lo descubro, ahora, rodeado de un sinfín de puntos luminosos que enriquecen mis sentidos y confluyen milagrosamente en un saturado espacio común. Cierro los ojos. Pero, aun no me encuentro satisfecho. Un pequeño desajuste y mi mente se sorprende de que tal hecho se produzca. Apoyo mi mano en el tronco del olivo centenario que me cobija. De inmediato, mi mano, mudo testigo de mis encuentros contigo, acaricia su tronco sensualmente tratando de saber del poder que le da identidad y memorizar su estructura para ser usada en un momento dado. Es en ese momento cuando percibo la acuciante necesidad de recorrer pausadamente sus ramas, sus hojas, el fruto que, día a día, crecerá con fuerza hasta eclosionar, en un dulce suspiro, y embelesar mi paladar con su néctar. Pero necesito saber más de mi encuentro para con aquello que me rodea y, esta vez, mis dos manos, ávidas de deseo por retener hasta el último detalle, recorre con premura todo lo susceptible de ser recordado para, finalmente, dejarme llevar por el benevolente arrullo del agua. Así, milagrosamente, el acto se consume y mi mente lo guarda para sí: transmitirá a través del pincel y el lienzo su secreto, para el gozo y disfrute de los sentidos. Hoy, se algo más de ti. Un día más, disfrutaré de la textura de tu piel y mi impresión, te la ofrezco en agradecimiento por tu generosidad para conmigo. Luz, color, textura: una vez más, gracias vida.